¿Ir o no ir?: El Palacio de Catalina en Pushkin

El ingreso, tan cerca y tan lejos….

Ocurre en toda ciudad tocada por la varita mágica del turismo de masas: algún lugar en particular destaca en todas los folletos y su nombre se convierte en sinónimo de maravilla, pero para quienes llevan un tiempo como viajeros o para los guías locales, muchas veces estas “trampas para turistas” se convierten en lugares a evitar. ¿Vale la pena visitarlas? Dentro de nuestra experiencia mostrando la ciudad hemos tenido esta conversación con viajeros y guías acerca del Palacio de Catalina en Pushkin.

El Palacio, casi a una hora de San Petersburgo, es sin duda uno de los ejemplos importantes de la arquitectura imperial. Acompañado de grandes espacios verdes y la presencia de una especial sala (sí, la sala de ámbar), es el centro de un complejo construido entre los siglos XVIII y XIX, y en la actualidad es uno de estos lugares que atraen multitudes. Pero si usted tiene apenas dos o tres días para conocer una ciudad famosa por la cantidad de monumentos y museos que posee, bien vale la pena pensar si realmente desea hacer una visita que puede tomar hasta un día, y buena parte de ese tiempo quizás en una fila.

A diferencia del gran Palacio de Invierno, hoy dentro del complejo del museo Hermitage, el Palacio de Catalina no permite un ingreso masivo de personas debido a su tamaño. Es por esta razón que el Palacio abre sólo de 12 a 18:30 durante el verano, y permite el ingreso de 150 personas cada 15 minutos, provocando la formación de filas increiblemente largas en la temporada alta.

No solo es el limitado número de personas lo que hace el proceso de ingreso independiente bastante difícil: existen agencias que venden paquetes de visita al Palacio y terminan haciendo esta fila, inclusive desde las 7 am, aún cuando el Parque, ingreso primario hacia el Palacio, aún no abre sus puertas. Así la fila se compone muchas veces de grupos de veinte, treinta o cincuenta viajeros liderados por un guía, uno detrás de otro. Muchas veces estos grupos se parten para “aprovechar” el tiempo de espera y conocer el parque provocando desorden a su retorno. No son pocos aquellos que “guardan” la fila aumentando el tiempo de espera que bajo un día soleado o uno lluvioso puede tornarse en una misión desesperante.

En el último año y medio la administración del Palacio ha decidido no vender más tickets online, por lo que estos sólo se pueden conseguir en las taquillas o través de agencias autorizadas, que en realidad no son muchas, lo que provoca una ola de reventas que terminan afectando al visitante. Es posible asegurarse una visita sin hacer la fila, pero antes de comprar hay que solicitar que la agencia clarifique esta posibilidad, como hemos escrito líneas arriba, muchas ofrecen esto sólo para terminar haciendo la fila ante “eventualidades”. Si desea comprar online podemos sugerir hacerlo a través de Eklektika, compañía local con muchos años de servicio.

En otros casos la expectativa supera a la realidad, y entonces cabe preguntarse: ¿que es lo que desea encontrar en su visita al Palacio de Catalina? (no, no santa Catalina como más de un viajero ha rebautizado al lugar). Tras el tiempo de espera finalmente ingresa al Palacio, allí hay que hacer otra fila en las taquillas, dejar mochilas o bolsos grandes y chaquetas en el guardarropas, todo esto puede tomar aproximadamente veinte minutos. No intente usar los servicios higiénicos dentro del Palacio, son insuficientes y sobre todo el de mujeres suele tener otra fila más en espera. ¿Listo para iniciar? Aún no, una fila más espera el paso del torniquete para subir hacia las salas en exhibición, esto puede tomar entre diez y veinte minutos o más. Finalmente ingresa, subir la escalinata principal detrás de los grupos le tomará algunos minutos más. El Gran Salón espera, finalmente un espacio grande en donde puede pararse a tomar fotografías, imaginar el espacio un par de siglos atrás, y después un paseo rápido por el resto de salas de la Enfilada Dorada, ya que por el tamaño no son lugares en los que se pueda detener más de unos minutos, teniendo al personal del museo para recordarselo cada vez que pueda. La visita concluye y no han pasado más de cuarenta minutos, contando la lenta subida de la escalinata principal y la espera para salir del Gran Salón. Y para muchos ese es el fin de la visita, sin recorrido por el Parque y sus pabellones, o el contiguo Parque de Alejandro y sus historias que incluyen la de la última familia imperial. En más de una oportunidad los visitantes salen decepcionados por haber tenido que pelear un lugar con cientos de personas para una visita tan corta.

Y entonces ¿vale la pena? El lugar sigue siendo un importante palacio imperial sin duda, pero definitivamente si tiene poco tiempo en la ciudad y no lo planifica con anticipación, así como si no está dispuesto a pagar una cantidad importante para hacer un ingreso rápido, es mejor pensar en otras posibilidades. El Palacio de Catalina es un formidable monumento histórico, pero no es el único en una ciudad de palacios como San Petersburgo: entre otras opciones famosas tiene al Hermitage y al Palacio de Peterhof, y entre otras menos conocidas le sorprenderá Pavlosk, Gatchina o palacios de ciudad como el Strogonov.