San Petersburgo y los Romanov: buscando a Pedro III y Catalina la Grande.

Por Hugo Palomino –

Descubrir San Petersburgo es descubrir la historia de la Casa Real que gobernó al Imperio más extenso de la era moderna: los Romanov. En la ciudad que fue la capital de este Imperio encontramos lugares que fueron parte de la vida personal de los miembros de la familia que fue el símbolo del poder en Rusia entre 1613 y 1917. En esta serie de artículos estamos descubriendo los lugares que guardan la memoria de la familia imperial rusa. Hemos revisado ya la historia de la primera pareja imperial en la ciudad, Pedro y Catalina I, así como sus sucesores en la primera mitad del siglo XVIII: Pedro II, Anna Ionanovna y Elizabeta Petrovna. Busquemos ahora la memoria de los Romanov de la segunda mitad de 1700.


Pyotr III – Pedro III

Karl Peter Ulrich, único hijo de Charles Frederick, Duque de Holstein, y Anna Petrovna, hija del emperador Pedro I, nació en 1728, en Kiel, hoy parte de Alemania. El pequeño Karl Peter era nieto del gran fundador de San Petersburgo, y además aspirante por derecho a la corona de Suecia. En 1742, con catorce años, es trasladado por su tía Elizabeta, ya en el trono de Rusia, a San Petersburgo, para convertirse en su heredero. Allí también se casó con Sophie Friedericke en 1745, que años después sería conocida como la emperatriz Ekaterina II o Catalina la Grande. El joven que fue recibido con alegría por la familia dio muestras de dificultad de adaptación al entorno ruso, encerrado generalmente en juegos militares, y fue ganándose el desprecio de la aristocracia que rodeaba a Elizabeta. Su matrimonio con Ekaterina también fue enfriándose al punto que muchos historiadores dudan de su paternidad sobre Pavel I, hijo de la pareja. La repentina muerte de Elizabeta en 1762 lo convirtió en emperador, aunque el joven amante de las campañas militares rehusó coronarse sin antes concretar una victoria bélica. Planificó entonces una avanzada contra Dinamarca, buscando recuperar el ducado de su padre, Holstein, y anexarlo al imperio. La campaña debía iniciarse en julio de ese año, pero días antes, víctima de un golpe de estado, muere sin ver realizados sus sueños.

Su historia, sujeto de controversia entre los historiadores, puede encontrarse en:

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El Palacio de Invierno

El primer lugar al que llegó el joven Karl Peter, traído por su tía Elizabeta, tras un peligroso paso por Prusia. El joven quedó maravillado por la pompa y majestusidad de la casa real, en donde celebró su cumpleaños. Los peterburgueses acudieron a verle llenos de curiosidad por conocer al nieto de Pedro el Grande.

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Oranienbaum

Al oeste de la ciudad, en el golfo de Finlandia, no lejos de Peterhof, Oranienbaum y su conjunto de palacio y parque que alguna vez pertenecieran a Menshikov le fueron entregados al heredero de la corona, Pedro III y su esposa, la futura Catalina II. El joven Pedro pasó aquí la mayor parte de su tiempo en Rusia, casi 16 años. De sus años en Oranienbaum sólo se conserva un pequeño edificio cuadrangular, llamado el “Palacio de Pedro III”, aunque es en realidad sólo un pabellón que pertenecía a una fortaleza de entrenamiento conocida como Peterstadt, de la que sólo se ha conservado esta parte. Hasta aquí huyó Pedro cuando, perseguido por conspiradores, buscó refugio entre su guardia personal.

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El Palacio de Ropsha

Tras ser capturado, el 28 de junio de 1762, apenas seis meses despues de acceder al trono, Pedro fue conducido hacia el complejo de Ropsha, que era uno de los hospedajes favoritos de su tía, la emperatriz Elizabeta, cuando salían de cacería. La historia aquí se torna oscura y existen versiones que dan cuenta de la muerte del emperador a manos del conde de Orlov, favorito de Catalina II, instigadora del golpe de estado. Otros historiadores hablan de un mal cardíaco como el mal causante de la muerte del emperador, que luego fue enterrado sin honores en el monasterio Alexander Nevski. Sólo tras la muerte de Catalina II, su hijo Pavel llevaría sus restos hacia la catedral de Pedro y Pablo.


Ekaterina II – Catalina la Grande

Ekaterina Alekseevna fue el nombre que la joven Sophie Friedericke tomó cuando se bautizó al ortodoxismo ruso, en 1744, el mismo año en que llegaba a San Petersburgo invitada por la emperatriz Elizabeta, para convertirse en la esposa de Karl Peter, heredero al trono que luego sería conocido como Pedro III. Ekaterina, hija de una noble familia prusiana, contaba en ese momento con quince años. Tras su llegada no escatimó esfuerzos en adaptarse a su nuevo entorno, y pronto la emperatriz Elizabeta vió en ella a una capaz aprendiz, en comparación con el lento y testarudo Pedro que nunca pudo hablar más que unas palabras de ruso. Su matrimonio con Pedro fue un fracaso incluso antes de llevarse a cabo, ambos se conocían desde hacía años atrás, cuando se planeó la boda, y llegaron a detestarse mutuamente. Aún así, los primeros años fueron relativamente pacíficos, y la pareja solía tomarse sin problemas el que ambos mantuvieran amantes en privado. Sólo poco antes de que Pedro se convirtiese en emperador el ánimo hacia su esposa se tornó amargo. Es en estos cortos seis meses de gobierno de Pedro III que un grupo de aristócratas y militares descontentos con el emperador, se acercan a Catalina proponiéndole un golpe de estado que se ejecutó el 28 de junio de 1762. Catalina accede al trono y pronto se gana el aprecio no solo de sus súbditos, sino de Europa entera. Su gobierno está marcado por los contrastes, las campañas militares, especialmente contra el imperio Otomano (Turquía) y la instauración del despotismo ilustrado en el país. Sus casi cuatro décadas en el trono están llenas de logros y también de anécdotas sobre ella, entre las que destacan su gran cantidad de favoritos y amantes. La emperatriz que se ganó el título de “la Grande” fallecía en 1796, siendo la última mujer influyente en el trono imperial de Rusia.

Su “gran” presencia puede ser encontrada en:

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El Palacio de Invierno

La casa real le albergó a su llegada al país, y luego, tras habitar varios años en Oranienbaum, al lado de Pedro III, cuando finalmente accedió al trono. En el Palacio no quedan rastros de los cambios llevados a cabo durante su vida, ya que sus sucesores hicieron diferentes reformas. Uno de los pocos lugares que quedan de su paso aquí es una cabina desde donde escuchaba el servicio religioso en la iglesia del Palacio, que conectaba directamente a sus habitaciones reales.

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El pequeño Hermitage, el Palacio Largo y el teatro del Hermitage

La emperatriz, con el paso del tiempo, fue rehuyendo al bullicio de la vida social del gran Palacio de Invierno, buscando calma y lugares para la reflexión o simplemente en donde departir con sus favoritos y su círculo más íntimo. Para esto solicitó al arquitecto francés De La Mothe la creación de una nueva ala del palacio, a la que bautizó como la ermita, o “Hermitage”. También llamado el pequeño palacio, este lugar se convirtió en el escape de la emperatriz que solía pasear en el jardín colgante o pasar las horas entretenida en la lectura o en la conversación. Años después encargó al arquitecto Giacomo Quarenghi la creación de otros edificios que se añadieron al que ahora conocemos como complejo del Hermitage: el Teatro, sobre el antiguo palacio de Invierno de Pedro I, y el Palacio Largo, un lugar para contener la cada vez más grande colección de arte de la emperatriz, que finalmente daría inicio a la historia del museo Hermitage.

El Complejo Imperial de Tsarskoye Selo

Probablemente el primer lugar que el visitante relacione con la emperatriz sea el palacio de Ekaterina, o de Catalina, en Tsarskoye Selo, hoy Pushkin, villa cercana a San Petersburgo. Aunque el nombre del palacio en realidad señala a la primera dueña de este territorio, la emperatriz Catalina I, esposa de Pedro el Grande, la presencia de Catalina II ha quedado perennizada en el complejo imperial conformado por dos grandes parques y sus respectivos palacios. El palacio de Catalina, construido sobre el palacio original por órdenes de Elizabeta I, se convirtió en una de las residencias favoritas de la emperatriz que junto con arquitectos como el escocés Cameron renovó el diseño del parque, agregó pabellones y erigió el Palacio de Aleksandr como regalo para su nieto, el futuro emperador Aleksandr I.

El Monumento a Catalina la Grande

En plena avenida Nevski, a un lado de la biblioteca Nacional, regalo de la emperatriz a la ciudad, se encuentra un gran conjunto escultórico que representa a Catalina rodeada de un conjunto de intelectuales de su época. El monumento, un diseño de Mikhail Mikeshin fue realizado en 1873 y junto con el monumento del milenio en Novgorod, es uno de los pocos memoriales de este artista que han sobrevivido la era soviética.


Pavel I – Pablo I

Pavel Petrovich, hijo de los emperadores Pedro III y Ekaterina II, tuvo una vida que guarda muchos paralelos con la trágica historia de su padre. El niño, que nació en 1754, fue criado por su tía abuela, la emperatriz Elizabeta, desde muy pequeño, y aunque no convivió con sus padres, con el tiempo comenzó a sentir aprecio y admiración hacia su progenitor y a despreciar los círculos que rodeaban a su madre. Este sentimiendo se agudizó tras la ascención al trono de Ekaterina, que trataba con desdén a Pavel, quien no perdonó nunca el asesinato de Pedro. Aún así, la emperatriz arregló el matrimonio de su hijo dos veces, siendo finalmente Sophia de Wurttemberg, bautizada al ortodoxismo como Maria Feodorovna, quien daría herederos a la corona. Tras esperar por décadas por el trono, la muerte de Ekaterina en 1796 le permitió poner en práctica sus planes políticos y militares, que incluían la reposición de la memoria de su padre, a quien dedicó un gran funeral póstumo y un nuevo entierro junto con el resto de los Romanov, en la catedral de Pedro y Pablo. Lamentablemente para Pavel, o Pablo, en poco tiempo se convirtió en una figura detestable para los aristócratas y militares de la época que, como con su padre, planearon un golpe de estado, entronizando a su hijo, el futuro emperador Aleksandr I en 1801.

La historia de Pavel está ligada a estos lugares en San Petersburgo:

El Complejo Imperial de Gatchina

El complejo de Gatchina, a poco menos de una hora de San Petersburgo, es un conjunto de parque y palacio construidos durante el tiempo de Ekaterina II para uno de sus favoritos, el conde de Orlov. El conde, que fue pieza vital en el golpe de estado que entronizó a Ekaterina, murió en 1783, y la emperatriz entregó el complejo a su hijo Pavel, que por casi dos décadas se dedicó a enfatizar su importancia con añadidos europeos adquiridos en sus viajes. A la muerte de su madre, Pavel convierte a Gatchina en su residencia imperial, desdeñando el Palacio de Invierno.

Aerial view of St. Michael's Castle

El Castillo Mikhailovski

En cuanto accedió al trono, Pavel comenzó a temer por su seguridad, por lo que decidió construir una nueva residencia en San Petersburgo. El castillo Mikhailovski es una construcción única en su tipo en la otrora capital imperial, tanto por su estilo como por su condición de castillo. El edificio además está rodeado de historias relacionadas con la militancia masónica del emperador y referencias a diversos elementos como el número de ventanas, por ejemplo. En todo caso, el lugar no fue bien visto por los peterburgueses, especialmente porque para levantarlo se hicieron uso de los mármoles que pertenecían a la tercera iglesia de San Isaac, destruida después para erigir la que ahora podemos ver. Finalmente el castillo no pudo brindar al emperador la seguridad que buscaba, y falleció asesinado en su lecho en 1801.

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El Complejo Imperial de Pavlosk

Pavlosk, apenas a cuatro kilómetros del complejo imperial de Tsarskoye Selo, fue el regalo imperial de la emperatriz Ekaterina II a su hijo por su segundo matrimonio. La joven pareja dedicó mucho tiempo a embellecerlo, conviertendo el complejo de parque, palacio y pabellones en un pacífico oasis neoclásico, de estilo predominantemente inglés al que fueron añadiendo objetos conseguidos durante sus viajes a Europa. En su ascención al trono, Pavel elevó el complejo al rango de vivienda imperial.

 


En nuestro siguiente artículo conoceremos donde encontrar la memoria de los Romanov que vivieron en San Petersburgo durante el siglo XIX.

¿Deseas conocer estos y otros lugares de la ciudad? ¡Descúbrelos con nosotros! ¡Contáctanos! Peter con Ñ es tu guía de San Petersburgo en español. Síguenos también en redes sociales.


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