San Petersburgo: memorias del sitio de Leningrado

Esta semana ha sido una semana especial, en nuestras redes sociales hemos difundido imágenes y contenido relacionado a dos fechas que se recuerdan con tristeza, alegría, respeto y como advertencia para las generaciones que no han vivido este episodio. El 18 y el 27 de enero de cada año se cumplen un aniversario más del rompimiento y el fin del sitio de Leningrado: 18 de enero de 1943 y 27 de enero de 1944 respectivamente, uno de los episodios más difíciles que ha vivido San Petersburgo.

Durante la segunda guerra mundial el oeste de Rusia sufrió los horrores del conflicto y ciudades como las actuales Sebastopol, Volgogrado, Moscú, San Petersburgo, Novgorod y Pskov se vieron rápidamente envueltas en las acciones bélicas. En el caso de San Petersburgo, en ese momento llamada Leningrado, una veloz operación militar conjunta alemana y finesa alcanzaron los alrededores de la ciudad y procedieron a sitiarla para rendirla por hambre. El cerco que había sido planificado para reducir la urbe en unas semanas duró 872 días, y ha dejado huellas imborrables en la memoria de los habitantes y marcas en toda la ciudad, que pueden verse durante una visita a la ciudad.


La ocupación de los suburbios

Los ejércitos fineses y alemanes se apostaron en un radio de 50 km, aproximadamente, durante el verano de 1941, dejando apenas tiempo para los preparativos defensivos tras el rompimiento de relaciones soviéticas y germanas. En setiembre de ese año ya se tenía cortada toda comunicación y la ciudad estaba completamente aislada.  Muchos de los complejos imperiales rusos se encontraban en el radio de ocupación de las tropas nazis y fueron usados como bases temporales desde donde se bombardeaba y monitoreaba el sitio de Leningrado. Este fue el caso del complejo imperial de Tsarskoe Selo, hoy Pushkin, y de Peterhof, en donde apenas hubo tiempo para remover mobiliario y objetos valiosos de sus museos para ser enviados a refugios en el este, mientras que otros tuvieron que ser enterrados en el mismo sitio con la esperanza de que no fuesen encontrados por las tropas enemigas. Estos complejos fueron casi destruidos en su totalidad después de ser saqueados, siendo restaurados en los años posteriores a la guerra. Es famoso el caso de la Sala de Ámbar del Palacio de Catalina, en Pushkin, que fue llevado pieza por pieza a territorio alemán donde años después habría sido destruido por la contra-ofensiva soviética hacia el final de la guerra. Otros complejos como Ropsha, en donde viviera y muriera Pedro III, esposo de Catalina la Grande, aún siguen esperando por su rehabilitación. Si visita Peterhof podrá observar, en una muestra fotográfica en el Parque Bajo, el estado en que quedó el complejo tras el sitio. Igualmente, en el primer piso del Palacio de Catalina, una galería fotográfica muestra la destrucción de los años de guerra y el increible trabajo de reconstrucción.

El único lugar en los alrededores que no fue tomado por los sitiadores fue la fortaleza de Oreshek, en Shlisselburg, a escasos 35 km de San Petersburg. Allí un puñado de soldados resistieron por 2 años y fueron el puntal que en 1943 rompería el cerco.


La conservación de los monumentos en la ciudad

Mientras que los alrededores fueron prácticamente arrasados tras ser usados como puntos de bombardeo por los ejercitos sitiadores, las autoridades de la ciudad intentaron proteger tanto como fuese posible el patrimonio de la ciudad. Los monumentos más importantes que no pudieron ser desmontados fueron cubiertos: los monumentos a Catalina la Grande, Nicolás I, el puente Anichkov y el caballero de Bronce entre otros, este último, como símbolo de la ciudad fue cubierto con tal cantidad de material que tras la guerra se tuvo que trabajar casi 3 años para poder desenterrarlo. En parques y jardines se enterraron esculturas pequeñas y medianas como las del Jardín de Verano. Se pintaron de gris las cúpulas doradas de las iglesias para evitar que fuesen fácilmente avistadas por las tropas enemigas. Los sótanos de diferentes iglesias-museos (recordemos que la religión estaba proscrita por el sovietismo) y palacios citadinos albergaron mobiliaro y objetos de colección de museos y colecciones privadas que no pudieron ser enviados al este del país antes de que se complete el círculo alrededor de la ciudad.

Aún así, el hambre y la fatiga impidieron que el extensivo plan se llevase a cabo por completo: monumentos como los que se encuentran frente a la Catedral de Kazán fueron dejados sin protección ante la falta de mano de obra: los generales Kutuzov y Barclay de Tolly, entre otros, quedaron como mudos testigos de los horrores de la guerra.


En las calles

Entre las señales que aún se pueden encontrar en la ciudad están las advertencias a los peatones del peligro de caminar por un lado de la vía durante los bombardeos. De estos signos azules pintados en las paredes es conocido el que se encuentra al inicio de la avenida Nevski, muy cerca de la plaza del Palacio.En las cercanías, las alarmas usadas para avisar a la población de los inminentes bombardeos pueden ser vistas en algunas esquinas, especialmente en los alrededores del edificio del Almirantazgo.

También se pueden ver los daños causados por los bombardeos en algunos de los edificios importantes de la ciudad como en la catedral San Isaac, en donde las columnas del lado oeste no han sido restauradas en su totalidad o en la iglesia de La Sangre Derramada, entre otros. Usualmente estos lugares están marcados con pequeñas placas recordando los 872 días de cerco.

En la isla Petrogradskaya, a un lado del rio Neva, se usaron los jardines de las tradicionales casas tipo izbá de los barrios residenciales como puntos de acopio de agua, lo que ha dado una configuración urbana especial en los años siguientes. Al caminar por estos barrios, en especial en el lado norte de la isla, se pueden encontrar pequeños parques interiores que datan de ese tiempo.


Los Memoriales

El bloqueo finalizó en 1944 y la guerra un año después. En las siguientes décadas se construyeron memoriales a los caidos y sobrevivientes. Algunos de estos monumentos son  pequeños como el de la casa en la que vivió la niña Tatyana Savicheva en la isla Vassilievskiy, pequeña autora de un diario durante la blokada. También pequeñas placas recuerdan los lugares de masacres en los alredores del lago Ladoga y Shlisselburg: Nevskiy Pyatachok y Sinyavino.

Otros monumentos son mas llamativos como el Cementerio-memorial Piskarevskoye, en donde la Madre Patria representada en una escultura y un fuego eterno acompañan el descanso eterno de casi medio millón de caídos durante el sitio. El Monumentos a los Defensores de Leningrado, que puede verse cuando se ingresa a la ciudad desde el aeropuerto de Púlkovo guarda en su sótano un pequeño museo con objetos del conflicto y otro fuego eterno. El obelisco tributo a la Ciudad Héroe de Leningrado en la plaza Vosstanya es una de las postales tradicionales de la ciudad. En las afueras, sin duda el monumento más interesante por su simpleza de diseño y significado es el Anillo Roto de la Villa de Kokkorevo.


Dimitri Shostakovich, gran compositor de la era soviética estuvo en la ciudad durante el sitio. En esos años fue la voz activa de la radio de la ciudad arengando a los sobrevivientes y compuso 3 sinfonías basadas en la blokada: las sinfonías 7, 8 y 9. De ellas la Séptima compuesta inicialmente en la ciudad, terminada tras su evacuación, fue estrenada por una diezmada orquesta de la ciudad.


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